Barcelona – Millau

Después de una larga espera al fin puedo comenzar. Un proyecto que quedó aparcado un año entero pero que nunca se fue de mi cabeza, por fin comienza. No es complejo ni nuevo, de hecho ya con anterioridad he podido ir a lejanos y maravillosos lugares en mi cacharro de dos ruedas, pero esta vez existe el incentivo de conocer este gigantesco país… aunque sea solo una pequeñisima parte. Además todo ha encajado perfectamente, por que puedo colaborar con la asociación Duchenne Parents Project, gracias a Ofir Arad por su aportación y voluntad para que todo esto arranque.

Así que eso,  arranco. Salgo de Barcelona después de montarlo todo. A los 250kg de peso de la moto, se suman mis 78… más aproximadamente 10 por las alforjas laterales, 15 la de atrás, 20 el saco de dormir, colchón, tienda de campaña y almohada y 3 de la mochila personal. El total se acerca a los 400kg, peso que sé que mi fiel vstrom 650 llevará de forma estoica y eficaz. El sol pega fuertemente, primera parada a los 5 minutos de arrancar para cubrir mi pobre nariz con protector solar, menos mal lo dejé a mano . A partir de ahí todo continúa de forma relativamente normal, el tiempo me acompañaba, el tráfico no era pesado, y el placer de ir sobre dos ruedas y dejar atrás todo eso que llamamos vida normal me alegra a cada kilómetro. 6 horas de camino intercaladas con descansos me hacen pasar por diferentes paisajes, lugares, caminos y carreteras, pintando un paisaje similar pero diferente en cada curva. Al pasar la frontera con francia, recuerdo por que soy un gran defensor de la unión europea (y de cualquier unión en general). Que lo único que haga detenerte entre dos países sea el interés por el paisaje y no una frontera con militares hace que recuperes un poco la fe en la humanidad. Llegando ya a Millau al atardecer aparece el famoso viaducto, toda una obra maestra de la ingeniería que sin duda hay que visitar alguna vez en la vida. El sol ilumina todo el valle y resalta la enorme cantidad de parapentes y alas delta que sobrevuelan. Toda esta combinación de colores, calma y relajación son un perfecto recibimiento. Llego a uno de los campings, y aunque ya sabía que no había nadie en la recepción, tienen la política de que te puedas acomodar con tranquilidad y pagar al día siguiente. Esto ya me ha salvado en más de una situación de tener que buscarme un hotel o acampar en cualquier parte, vivan los campings!. Llego a una parcela no muy lejos de los baños y comienza el baile pertinente… cambiarme los pantalones y botas por algo mas cómodo,  desenmarañar las cinchas (el mejor invento después de la rueda), bajar el compendio de tienda de campaña + colchón hinchable + sacos de dormir + almohada, sistema todo en uno que me enorgullezco de haber creado a partir de partes de Decathlon. Desenvuelvo todo y monto la sufrida pero fiable tienda, hincho el colchón mientras tomo nota mental de buscar un hinchador pequeño… no tengo mala capacidad pulmonar, pero cuando empiezas a ver puntitos de colores mientras estás de rodillas, sudoroso, cansado y hambriento, algo que te libre de un poco de trabajo es bien recibido. Por fin todo montado. Me refresco en las duchas y me siento a comer algo, mientras entro en el menú de los mosquitos que me rodean. Nota  mental , antimosquitos. Es hora de dormir por fin… encuentro la paz al cerrar los ojos dentro de mi cómodo saco de dormir, paz que se volatiliza al ritmo de la demencial música que se empieza a escuchar en las afueras del camping. Parece hecho a propósito. No dejaré que me gane, me pongo los auriculares y hago ejercicio mental *yo puedo dormir*, pienso. Y pude. Una hora después,  pero pude.

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